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lunes, 20 de diciembre de 2010
miércoles, 15 de diciembre de 2010
Cristal oscuro
Tenía muchas ganas de escribir una entrada para hablar de una película, que me ha dejado una huella imborrable desde la infancia, cuando las fantasías formaban parte de la realidad; una sombra oscura podía ser el escondrijo de mil pesadillas diferentes y un árbol inclinado la entrada a una realidad alternativa donde sería recibido por recios enanos y elfos altivos. Cuando tecleé las palabras Cristal oscuro, me quedé en blanco, porque todas las letras se agolpaban intentando escapar y se quedaban atascadas en la puerta de salida. Calificar a este filme como una obra maestra no es suficiente para mí, es algo más: una llave a otro mundo. Los personajes están vivos, respiran, oyen; te acompañan desde el mismo instante en que decides abrir esa puerta con una mano trémula. Una vez que todo termina y se despiden de ti, el sueño se desvanece a tu alrededor; mas no eres el mismo, porque queda el recuerdo intenso de vivir una experiencia que no se volverá a repetir.
A veces, una película puede sorprender porque tiene una calidad fuera de lo común, son joyas valiosas que brillan llenas de desesperanza; saben que hay una estrella polar que se yergue muy por encima, y se llama Cristal oscuro. Un trabajo de cinco años, con detalladas marionetas, escenarios móviles, música hipnotizadora y una trama exquisita. Unos seres llamados urskeks, vivían en paz hasta que uno de ellos dañó el objeto más importante que poseían, el cristal oscuro, y la raza se dividió en dos: Los sabios místicos y los crueles skeksis. Dos mitades de un solo ser que viven interconectadas, de manera que si un místico sufre daños, su skeksis correspondiente también. En medio de esta guerra, un pequeño gelfling llamado Jen, deberá reparar el cristal con el fragmento que falta. Cumpliéndose la profecía que reza: "cuando se produzca la conjunción de los tres soles de este mundo, un gelfling completará el cristal, reparando la caótica sociedad reinante". Los skeksis, conocedores de esa profecía y temerosos de que se cumpla, intentaron acabar con toda la raza gelfling; ya en el principio de la película se muestra que no lo consiguieron. El artífice de todo esto es el genial Jim Henson, seguro que recuerdan series como Fraguel Rock o El cuentacuentos; ambas obras suyas. A los fans de Star Wars les interesará saber que era él quien manejaba al maestro Yoda original -el clásico, no ese "holograma" saltarín-, por desgracia, Cristal oscuro fue incomprendida. A pesar de utilizar marionetas, se trata de una película adulta que a un niño le costaría llegar a entender; el aspecto hermafrodita de los skeksis, unos buitres putrefactos símbolo de una maldad vehemente, y unos monstruos repulsivos combinados con escenas tétricas, angustiosas; provocaban que ni los más pequeños, ni los adultos, comprendiesen en aquella época el porqué del guión. El resultado fue un fracaso en el cine. Al igual que sucedió en su momento con Blade Runner, ha pasado a ser una obra de culto, y todavía hoy se pueden ver en las tiendas ediciones especiales en DVD. He conocido a varias personas que la han visto cuando contaban su edad con los dedos de una mano -o dos-, ninguna la ha olvidado, todas mantienen una reminiscencia de la portentosa imaginación de Jim Henson, creadora de un filme que no deberían perderse si no han tenido la oportunidad de verlo.
El diseño de los personajes y las diferentes criaturas, vino de la mano del artista Brian Froud, un ilustrador que junto con Alan Lee -seguro que le conocerán por las imágenes mostradas en las obras de Tolkien-, publicó un libro editado en todo el mundo, Hadas. Cada uno de los seres que aparecen en la pantalla al visionar la película, sorprenden por su calidad; los decorados están a la altura de las circunstancias, ofreciendo varios elementos móviles que les proporcionan vida y misterio. Los skeksis, por ejemplo, fueron creados en base a los siete pecados capitales, al ser nueve -porque uno de ellos muere al comenzar de una manera bastante desagradable-, se pueden apreciar pecados repetidos. La música que acompaña a estos elementos inolvidables es de Trevor Jones, una de las mejores bandas sonoras que escuché hasta hoy. Siempre que me preguntaron sobre mi película favorita, jamás dudé al responder, porque con toda seguridad es Cristal oscuro, ahora y siempre; a pesar de que sea ninguneada a veces debido a la incomprensión. Dicen los rumores que se está preparando una segunda parte para el 2011, titulada El poder del cristal oscuro. A veces merece la pena volver la vista atrás, sobre todo si lo que hay delante es una avalancha de remakes.
En otro mundo, en otro tiempo, en la era de la maravilla, hace mil años, esta tierra era verde y era buena, hasta que se quebró el cristal y un trozo se perdió, un fragmento de cristal. Así empezó la profecía. Y aparecieron dos nuevas razas: los crueles skeksis y los apacibles místicos. Aquí, en el castillo del cristal, los skeksis tomaron el poder. Ahora, los skeksis se reúnen en la cámara sagrada donde el cristal pende sobre una columna de aire y de fuego. Los skeksis, de cuerpos duros y retorcidos, de mentes duras y retorcidas. Mil años llevan gobernando. Y ahora, sólo quedan diez de una raza agonizante, dirigidos por un emperador agonizante, prisioneros de sus propias vidas en una tierra agonizante. Hoy se reúnen de nuevo ante el cristal, cuando el primer sol llega a su punto más alto. Así es la costumbre de los skeksis, llegar a extraer nueva vida del sol, como lo es también la de saquear las tierras. Hoy, nuevamente, se llenarán de energía, engañarán a la muerte a través del poder de su manantial, su tesoro, su destino... El cristal oscuro.
martes, 14 de diciembre de 2010
Pulp
Conocía a Bukowski desde hace muchos años como un interesante autor maldito, pero nunca había leído nada suyo. Instigado por las opiniones vertidas en los foros de la red, he comenzado a leer sus novelas empezando por Pulp. Lo primero que me llamó la atención fue comprobar que las espinas duras de lo políticamente incorrecto están presentes a lo largo de todas las páginas, para leer a Bukowski hace falta una mente abierta, en estos momentos una novela análoga de un autor nuevo lo tendría muy duro para publicarse. El ritmo narrativo es muy rápido, descripciones leves y diálogos abundantes, eso consigue que el personaje principal cambie de lugar a una velocidad endiablada, metiéndose en situaciones dispares a la par que violentas. El protagonista es un detective contratado por "la señora muerte" para investigar a un escritor que supuestamente debería estar muerto; irá recibiendo también otros encargos como encontrar el "gorrión rojo". La historia es un claro homenaje a las pulp fictions. Una mezcla de humor, tragedia, acción y algunas gotas de surrealismo.
De su prosa cambiaría algunas cosas que me desagradaron un poco, aunque eso no fue un impedimento para que me pasase un par de horas entretenido. Quizá escribir de esa manera forme parte de su estilo, marcando una personalidad fuerte tanto en la vida real como en la literaria. Pondré dos ejemplos: "Necesitaba un buen afeitado, necesitaba un corte de pelo, necesitaba un buen baño", entiendo que esa redundancia es premeditada, a pesar de ello, no puedo dejar de pensar que hubiese sido mejor "Necesitaba un buen afeitado, un corte de pelo y un buen baño"; también he visto algunos verbos -o acciones- superfluos: "Me estaba frotando la mano con la pernera derecha del pantalón cuando sonó el teléfono. Lo cogí", luego empieza el diálogo, a mí al menos me da la sensación de que lo subrayado podría desaparecer sin que el texto se resintiese, tal vez la mala impresión que me produjo fue por ser muy escueto y no estar aún familiarizado con el escritor.
Me he divertido mucho leyéndola, para mí, es el descubrimiento de un autor que no olvidaré, Pulp, no será lo último que lea de él. Todas las novelas de Bukowski están publicadas en Anagrama: Cartero, Factotum, Mujeres, La senda del perdedor, Hollywood y Pulp.
domingo, 12 de diciembre de 2010
El espejo
Dejo por aquí un cuento que escribí cuando era más joven, estaba demasiado influenciado por los clásicos así que el texto es un poco ampuloso. Tiene además varios defectos:
1.En el final hay una especie de Deus ex machina. Recuerdo que no tenía experiencia con los relatos cortos y lo precipité demasiado, además no es de mi estilo porque es feliz (me lo pidieron así).
2. Está sin corregir. Lo iba a borrar, no creo que haya muchas faltas ortográficas; pero es posible, lo que sí es seguro es que habrá comas mal puestas.
3. Se supone que debería ser incluso más corto.
Al final, antes de exterminar el relato definitivamente, decidí ponerlo en el blog por si entretiene a alguien. Cuando escribo fantasía suelo darle un ligero toque de steampunk, aunque en este caso no se note mucho.
Un cerrado círculo de árboles danzaba en armonía con la música que tocaba la brisa nocturna, enmarcaban una pequeña casita de dos pisos, que se hallaba a las afueras de la ciudad dormida, donde las buenas gentes se disponían a conciliar sueños reparadores o desafortunadas pesadillas dependiendo de los caprichos de Morfeo.
En ese candoroso a la vez que hogareño retiro, habitaba una familia de campesinos. Al amparo de la cálida luz de dos quinqués, cenaban ahora tras las tediosas oraciones lentamente pronunciadas por la voz ronca del padre, los miembros de aquella copiosa cena eran un matrimonio entrado en la madurez y sus tres hijos, dos niños y una niña vivaz que contemplaba todo nerviosa con sus azules ojos saltones. Tras las dos únicas ventanas abiertas del comedor sólo se podía vislumbrar la lobreguez de la fría noche, que contrastaba con la tenue luminosidad que podrían ver los que mirasen desde el exterior.
El padre engullía con gusto un buen trozo de carne, todos rieron cuando un pedazo de la misma se le quedó entre los pelos de su poblado bigote, cuyos extremos llegaban hasta la parte inferior de la barbilla. Yantaban a la vez que charlaban animadamente sobre los quehaceres de la huerta y la visita a la ciudad en busca de unas azadas nuevas, cuando se escucharon unos sordos golpecillos en la puerta, uno de los niños fue el primero en percatarse pero la mujer interpretó que debía tratarse sólo del viento. Sin embargo los ruidos se volvieron más insistentes y fuertes, quedando claro que alguien golpeaba la puerta, puede que un visitante que se habría perdido o algún familiar de la ciudad que llegaba justo a tiempo para cenar acompañado. El hombre se levantó de su asiento con un leve quejido limpiándose la boca con la manga de su camisa, acto por el cual fue reprendido por su mujer de camino a la entrada. Resultó ser un mensajero envuelto en una verdosa capa ondeante, colgando en su hombro portaba una cartera con toda probabilidad llena de cartas y bajo el brazo traía un largo a la vez que estrecho paquete, envuelto en papel y amarrado con cuerdas deshilachadas, sin dignarse a saludar mencionó el nombre de la dirección para comprobar si era el lugar correcto, ante el gesto afirmativo del matrimonio entregó el bulto sin más demora y se marchó, rehusando una invitación para quedarse a comer algo.
La esposa, cuya lacia melena castaña llegaba hasta la cintura, asió el paquete con ambas manos apretándolo contra su blanco delantal, doblándose ligeramente ya que pesaba.
Quitaron las cuerdas sin dificultad, rasgaron el papel y se encontraron con un ostentoso espejo exquisitamente decorado con serpientes de oro que recorrían los bordes dorados mirando con ojos de piedras preciosas; era ovalado, se sostenía por dos pequeñas patas con forma de zarpas de león y le llegaba a la mujer casi a los hombros. Todos se quedaron con la boca abierta alrededor del espejo preguntándose como un objeto tan evidentemente valioso podría venir en tan paupérrimo envoltorio.
—Se han equivocado —afirmó el padre sin dudar—. Ninguna nota lo acompaña y que sepamos no tenemos ningún familiar rico que nos haga tal regalo, sin embargo la dirección que mencionó el mensajero era la nuestra.
—Lo mejor es que lo dejemos en aquel rincón —explicó la mujer señalando una esquina del comedor libre de muebles—. Y mañana vayamos a la ciudad a preguntar en mensajería.
Dejaron pues el espejo en aquella esquina desnuda de la habitación y se dispusieron a retomar la ya escasa cena; antes de irse a dormir, la mujer regañó a los niños que intentaron en vano extraer una de las joyas de los ojos de aquellos áureos reptiles.
Entrada ya la avanzada noche, la niña no pudo conciliar un sueño profundo limitándose a dormitar dos largas horas, un sonido suave proveniente del comedor llamó su atención hasta el punto de despertarse por completo; decidió bajar, pues su dormitorio se encontraba en el piso superior, para tomarse un vaso de agua.
Al pasar por el comedor encendió uno de los quinqués camino de la cocina, las sombras de los árboles cercanos proyectaban figuras fantasmagóricas que simulaban gigantescos ogros en su imaginación. El sonido que la despertó momentos antes, aún sonaba en alguna parte; pero no podía identificar el lugar exacto, por lo que no le dio importancia limitándose a terminar la bebida con premura para volver al lecho lo antes posible, era ya muy tarde y lo único que le interesaba era dormir. Cuando se disponía a extinguir la débil luminosidad que alumbraba el comedor percibió al fin de donde venía aquel sonido casi imperceptible semejante a un borboteo. El espejo.
El ruido parecía provenir detrás del mismo, era insólito pero la luz de la lámpara no llegaba en su totalidad hasta él, ni siquiera cuando la niña asiéndola con ambas manos se acercó todo lo que pudo. Lo único que podía ver era una mancha negra en la esquina; si no fuese por su forma ovalada casi no lo reconocería. El miedo comenzó a poseerla, pero consiguió mantener la calma quedándose siempre dentro del radio luminoso.
Sin embargo, se quedó completamente paralizada al ver que una cara emergía en el centro del espejo. En medio de la penumbra sólo se veían dos luminosos puntos de luz rojizos que eran los ojos, una aguileña nariz y una recta boca, su negruzco tono se confundía con las sombras, por lo que la niña esforzaba mucho la vista intentando verlo mejor para dar una explicación a aquello, quizá era algún animal que se había colado por la ventana, pero,¿por qué la luz se iba diluyendo cual pintura en un disolvente a medida que se acercaba al espejo?. De todas formas veía ese rostro de semblante inexpresivo que ahora dirigía su mirada a ella.
—¿Pero cómo? —masculló repentinamente con una voz sibilina que sonaba grave—. ¿No tienes miedo?, además yo no tendría que estar aquí, no reconozco el lugar.
La niña, por supuesto, reaccionó de la manera más natural y dejando caer el quinqué al suelo enfiló a toda prisa hacia la habitación de los padres, desabrigándoles de sus sueños y trayéndoles a la fría realidad. Estaba excitada y hablaba muy rápido saltando encima de la cama; tras un rato pudieron comprender que algo le había ocurrido en el comedor, así que al matrimonio no le quedó más remedio que ir a inspeccionar en medio de numerosos bostezos con su hija asustada justo detrás, al llegar al comedor se encontraron con una de las luces brillando bajo la mesa y nada fuera de lo común, el espejo tenía el mismo aspecto lujoso que cuando lo sacaron del paquete, iluminado por la luz refulgía magníficamente destacando en aquel ambiente humilde. Dieron un buen rapapolvo a su hija por haberlos despertado y encima tirar una de las lámparas, por fortuna no se incendió el piso. “Al menos los niños continuaban durmiendo sin enterarse de nada”, decía la madre varias veces con los ojos entrecerrados. Llevaron a la niña a su dormitorio arropándola, con el acostumbrado beso en la frente.
Al día siguiente, fue toda la familia a la ciudad, los niños correteaban gritando entre tenderetes abarrotados de comida mientras la niña cogida de la mano de su madre miraba todo con curiosidad. El padre se separó de ellos momentos antes para ir a la añeja casa de mensajería, con su letrero de madera desgastado siempre dando la impresión de que caería en cualquier momento al suelo o encima de alguien. Allí le comentaron que no se sabía nada de ningún paquete enviado a su dirección y no había nada registrado que se pareciese a lo que recibieron por la noche. Además insistieron en que los mensajeros no trabajan a esas horas, sino por la mañana, hasta la hora de comer.
Con esas noticias regresó el marido a informar a la familia, que ya tenía adquiridos varios alimentos.
—¿Podemos quedárnoslo? —preguntó tras acabar de contar lo sucedido en mensajería.
—Siempre podemos venderlo si en un tiempo razonable no lo reclaman —contestó la esposa—. Y el dinero no nos vendría mal.
Los niños jugueteaban lejos ignorando las conversaciones de adultos.
—Me parece bien pero ¿cuánto es un tiempo razonable? —dijo rascándose la cabeza.
—Pues unos meses, no hay que tener prisa por obtener dinero de algo que al fin y al cabo no nos pertenece, que no se convierta en una preocupación un simple objeto.
Al volver trascurrieron las horas sin incidentes, comieron exquisitos guisos, los niños ayudaron a su padre en los quehaceres del huerto, recogieron leña para cocinar, limpiaron la chimenea de hollín…
Incluso la niña ya no se preocupaba de lo ocurrido en el comedor la noche anterior cuando comenzaron a cenar, convencida por sus padres de lo que seguramente era un mal sueño. De todas formas tenía la sensación de encontrarse observada cada vez que pasaba ante ese espejo que estaba comenzando a odiar.
Y de esta forma se terminó el día, cubriéndose todo con estrellas, negrura y secretos.
Al igual que la noche anterior la niña tampoco pudo dormirse fácilmente, y además volvió a escuchar el mismo molesto ruido que venía del comedor, al principio quedó paralizada; pero paulatinamente la curiosidad fue venciendo al miedo. Decidida a acabar con lo que fuera que estuviese molestándola, bajó con paso decidido los crujientes escalones de madera, si despertaba de esa forma a sus padres o hermanos pues mejor, no estaría sola. En esa ocasión no se sorprendió al ver una vez más el espejo totalmente negro, ni siquiera cuando el rostro la esperaba en el centro del mismo, clavando sus ojos rojos en los suyos.
Se mantuvo a una distancia prudencial en el otro extremo de la habitación, no gritó ni avisó a nadie, pues sabía que aquella cosa desaparecería en cuanto llegasen, sin dejar de desear en el fondo que sus fuertes pasos en la escalera atrajesen ayuda. El rostro no hablaba, así que se atrevió a iniciar la conversación.
Se mantuvo a una distancia prudencial en el otro extremo de la habitación, no gritó ni avisó a nadie, pues sabía que aquella cosa desaparecería en cuanto llegasen, sin dejar de desear en el fondo que sus fuertes pasos en la escalera atrajesen ayuda. El rostro no hablaba, así que se atrevió a iniciar la conversación.
—¿Qué eres? —dijo con voz temblorosa.
—Esperaba que preguntases algo así pequeña humana —manifestó con el mismo tono intimidante de la otra vez—. No te interesa saberlo créeme, yo debería estar en otro sitio, te esperaba porque si abandono este objeto no podré volver a meterme dentro, quiero que me lleves a la ciudad.
A pesar de que la luz llegaba a duras penas al rincón del espejo, a la niña le pareció ver moverse a las ahora negras serpientes que decoraban el borde.
—Pero pesas mucho y no me dejan ir allí sola…
—Reduciré el peso de mi escondite, acércate y cógeme, una vez allí me dejarás donde yo te diga, el maldito cretino que me trajo a un lugar erróneo lo pasará realmente mal cuando mi amo se entere.
La niña retrocedió un paso, cada vez sentía más repulsión ante unos fugaces movimientos sinuosos alrededor del rostro.
—Ya veo que te dan miedo las serpientes —afirmó—. No te preocupes no te harán nada, además si me llevas ahora a donde yo te diga sólo tardarás una hora, no volverás a verme y podrás olvidarte de mí.
—Es que no me gustan, me dan asco —dijo mientras se acercaba despacio a las escaleras para escapar, ya no aguantaba ni un segundo más allí.
—Escucha humana diminuta, estoy perdiendo la paciencia, coge un buen trozo de papel envuelve el espejo y llévame. Volveré todo a su aspecto normal si quieres. Llevo todo un día esperando aquí dentro escuchando vuestras tonterías.
Sin embargo la niña no escuchó, se largó subiendo las escaleras presurosamente intentando llegar al cuarto de sus padres, no le importaba que se enfadasen por segunda vez con tal de no volver a ver aquella criatura terrible típica de los peores sueños.
Sintió unos pasos que la seguían, al final ese monstruo decidió salir de su espejo, si era cierto que ya no podría entrar de nuevo quizá quería vengarse antes de escapar. Giró la vista para atrás, viéndolo subir tras ella, una sombra con ojos rojos y garras que arañaban los escalones y paredes.
Alertado por el ruido el padre despertó, y asió con la mano derecha una espada cuya única función durante varios años no era otra que ornamental, colgada en una de las paredes; estaba dispuesto para arremeter contra cualquier tipo de intrusión. Su esposa por el contrario dormía profundamente así que no la molestó;sin embargo, no pudo evitar que se despertase cuando la puerta se abrió de golpe al entrar la niña con los ojos muy abiertos y el pelo revuelto, respiraba con agitación. Nada más ver a su padre le abrazó por la cintura sollozando.
—¿Qué pasa hija? ¿Acaso hay intrusos? — preguntó acariciándole la melena sin bajar la guardia con la mano que blandía el arma.
La respuesta no tardó en llegar cuando la criatura amenazante atravesó la puerta que debería haber sido cerrada. El padre no pudo dar crédito, la madre reaccionó abrazando a su hija en un gesto protector.
—Todos lo vais a pagar, ya cumpliré mi misión en cuanto me ocupe de vosotros—masculló iracundo el habitante del espejo exhalando una neblina grisácea por la boca.
El hombre embistió con su arma ensartándola en el pecho de aquel ser, quedándose clavada sin hacerle ningún daño aparente; a modo de represalia, recibió un zarpazo en su antebrazo que le hirió profundamente. Después, la criatura se quitó la espada y se la tragó haciéndola desaparecer en medio de volutas de niebla.
Entonces repentina e inesperadamente comenzó a mirar con frenesí en todas direcciones desapareciendo a continuación por el techo, filtrándose por una diminuta apertura tras volverse neblinoso por completo.
Los asustados campesinos temblaron durante unos minutos sin decir una palabra, esperando que la criatura del espejo apareciese por algún lado, la mujer recordó a sus hijos solos en su cuarto, por lo que salió despedida a comprobar si se encontraban bien, respiró aliviada tras verlos sin ningún daño, luego se fue con cuidado de no despertarles.
En ese momento llamaron a la puerta de entrada en el piso de abajo, lo que provocó un sobresalto general, abrieron la puerta a sabiendas de que el monstruo no necesitaba que le abriesen para internarse en su hogar, de manera que no sería él. La sorpresa fue mayúscula cuando entró el duque, sonriente, con su sombrero emplumado en la mano y sentándose en la primera silla de madera que encontró, disculpándose por ello pues se hallaba cansado; le acompañaban el mago real -que se quedó de pie tras el noble sosteniendo un tarro negro en alto- y un par de guardias armados con alabardas que estaban apostados fuera para vigilar.
—Dispénsenme por no haber llegado antes, no fue hasta hace unos momentos que fui informado desde la mensajería de al parecer un envío erróneo, cuando escuché que su dirección tiene un gran parecido a la mía, cambiando únicamente dos letras, no ha sido complicado deducir que ese envío me correspondía a mí —dijo el duque apresuradamente secándose el sudor con un pulcro pañuelo en el que se veían bordadas sus iniciales.
—Yo soy el que debe ofrecer disculpas —replicó el campesino—. Pues nuestra intención era vender su espejo si nadie lo reclamaba.
Ante esas palabras el noble rió sin ningún pudor avergonzando al hombre, que pensó en la posibilidad de haber dicho alguna incongruencia.
La niña se abrazaba a su madre asustada. El duque, al percatarse de ese miedo dejó de reír.
—Desconozco lo que haya ocurrido mientras llegaba; pero pueden decirle a su hija que puede estar tranquila, estoy seguro de que esa criatura no volverá nunca más —sentenció el duque con convicción.
— ¡Cierto! —exclamó el mago apoyando su bastón en una esquina y quitándose su celeste sombrero picudo dejando ver una brillante calva, tras ello dio unos golpecitos con un dedo en ese tarro al que no parecía adentrarse la luz—. Intentó engañarme convirtiéndose en una pequeña araña; de poco le sirvió.
—¿Quiere decir que esa cosa está ahí? ¿En ese tarro? —preguntó la mujer con incredulidad.
—Sí —afirmó el duque con una media sonrisa—. Este es el quinto intento para acabar conmigo de un hechicero que vive lejos en el sur, el cual no soporta mi matrimonio con su hija, normalmente me envía objetos de distinta forma y tamaño que contienen algún mal, en este caso esa especie de criatura. Pueden creerme si les digo que no es lo más peligroso que me ha sido enviado, por otro lado el venerable mago aquí presente siempre me ayuda en estos casos, supongo que ya lo conocíais al menos de vista, pues es alguien muy cercano al rey. Siento no haber llegado antes. Díganme, ¿en qué objeto se escondía la criatura?
El campesino giró apesadumbrado la cabeza en dirección al espejo.
—Ya veo —dijo el duque cruzándose de brazos pensativo—. Pueden quedárselo, no creo que sea peligroso y sacarán un buen dinero por él.
—Eso casi destruye a mi familia, no quiero volver a verlo y será destruido en cuanto os vayáis —declaró firmemente el hombre de campo.
El duque se sorprendió al ver que la mujer también parecía estar de acuerdo en ello, por lo que dijo:
—Sois sorprendentes, en cualquier otro caso estoy seguro de que se habrían quedado con el objeto guardándolo oculto como un tesoro, ya sea para conservarlo o venderlo, sin decir una palabra a nadie, vosotros decidisteis consultarlo en mensajería con la clara intención de entregárselo a su legítimo dueño si se presentase, en caso contrario nunca hubiese sabido nada, ya que ese mensajero no era un trabajador común sino más bien con toda seguridad hablamos de un sirviente directo de mi antagonista del sur. Vuestra honestidad ha sido la salvadora de esta casa y su familia, porque yo tenía la orden de recibir noticias de cualquier envío sospechoso.
Al cabo de unos días, la sencilla familia de campesinos recibió una invitación para ir a la casa del noble, donde les serían entregados unos papeles incrementando considerablemente sus posesiones.
El espejo fue destruido y sus restos abandonados en las profundas entrañas de la tierra.
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