sábado, 1 de octubre de 2011

Viaje desde el ayer

Esta cubierta es mejor que
la española con diferencia
Pocas veces se puede hallar tanta crítica social en una sola novela. La tierra, que es un mundo distópico consumido por la violencia, envía una nave de jóvenes colonos a un planeta habitable llamado Quirón, con la esperanza de crear allí una nueva sociedad a la que dominar. Pero cuando, décadas más tarde, los terrestres se reúnan con los quironeses, descubrirán sus extrañas costumbres: no parecen tener a alguien que les gobierne, les gusta la compañía de las máquinas porque los primeros quironeses fueron cuidados por ellas, carecen de creencias religiosas y desconocen el uso del dinero. Además, se toman la justicia por su mano, matando a cualquiera que dé problemas. Como esta sociedad ácrata difiere completamente del autoritarismo capitalista terrestre, el enfrentamiento es inevitable, y pronto vendrán los problemas cogidos de la mano por aquellos que se resisten a adaptarse. La novela aprovecha este choque cultural para atacar duramente algunos aspectos nefandos que afectan a nuestra realidad.

James P. Hogan, que ha publicado
más de treinta obras de ficción,
nos dejó el doce de julio del año
pasado. Descanse en paz
Uno de los protagonistas, Colman, es un soldado terrestre con pretensiones de ser ingeniero, oficio que le será vetado por alguien que antepone los títulos de prestigio frente a las habilidades innatas. Al llegar a Quirón verá cómo estas habilidades son rápidamente apreciadas, porque allí cada uno trabaja en aquello que sepa hacer bien; incluso pueden tenerse varias funciones u oficios. Colman era alguien atrapado en una red que no le permitía seguir su vocación, debido a eso, es uno de los primeros en comprender las intenciones de los quironeses e integrarse. No será el único, porque muchos otros harán lo propio; sin embargo, la ambición de poder que domina a los líderes terrestres creará una situación insostenible. James P. Hogan sabe mantener viva la llama del interés durante los diferentes capítulos; el argumento es bueno: choque cultural; y la trama está muy elaborada, con varios giros inesperados. Ciencia ficción dura que se atreve con tecnicismos y teorías que pueden alejar al lector común durante algunas páginas.

¿Novela de ciencia ficción o
anuncio de detergente?
Desconozco el porqué de lo que voy a explicar a continuación, aunque sospecho que ha podido ocurrir por las prisas del traductor; prisas que quizá fueron inyectadas por la editorial. El libro, que hizo gala, cuando se editó, de un precio excesivo, tiene un texto nefasto; cualquier error que imaginen cuenta con muchas probabilidades de encontrarse en él: redundancias, largas frases asfixiantes sin una sola coma, faltas ortográficas, cacofonías... No lo mencionaría si no abundasen, pero me he encontrado esos fallos a lo largo de toda la novela. Una lástima que un autor tan poco conocido en España tenga que hacer frente a una edición regular, lastrando así su posible reconocimiento. No obstante, la historia que cuenta James es tan atractiva que los detalles negativos se olvidan rápidamente. Viaje desde el ayer, es un buen libro para los aficionados al género; los cuales deberían buscarlo a un precio más reducido que el marcado por la editorial.

jueves, 22 de septiembre de 2011

Leo, luego escribo


Hace unos días leí por curiosidad uno de esos artículos que dan consejos a los irresolutos escritores noveles. Normalmente suelen decir lo mismo: leer antes de escribir. Parece obvio, ¿os imagináis, por ejemplo, a un director de cine que nunca haya visto una película? Empero, el autor del artículo del que hablo afirma que no es necesario haber leído para escribir, pues: «a escribir se aprende escribiendo». No le falta razón, porque la práctica hace al maestro; aun así, al menos desde mi punto de vista, hacen falta unos conocimientos previos que permitan desarrollar la creatividad. Crear con menos herramientas, o sin ellas, siempre será más difícil que hacerlo con el equipo completo, el cual se consigue cuando el escritor se convierte en un auténtico cazador de libros.

Los clásicos dan recursos y vocabulario, pero hay que tener siempre presente que, a pesar de su genialidad, pertenecen a un tiempo pasado, donde el estilo y el ritmo eran diferentes a lo que se puede leer ahora. De ahí la conveniencia de la lectura contemporánea, porque con ella se adquiere fluidez; no se debe desdeñar ningún estilo o autor aunque soplen vientos desfavorables. Por supuesto, antes de iniciar la construcción de un libro, sería más que aconsejable revisar a los clásicos escritos en español, ya que las obras foráneas suelen tener errores de traducción que el incauto puede heredar; además, hay una cantidad ingente de autores entre los que escoger. Se puede narrar sin haber respirado la prosa de los maestros, pero el resultado será inferior salvo en algunas excepciones, pues aunque los genios existen..., no abundan.

Al placer de leer debe sumarse el del aprendizaje. En cada libro un autor deja una pequeña parte de sí mismo; a eso le llaman estilo, yo personalidad. Si únicamente nos influencia un autor, seremos clones; es necesario viajar por la imaginación de muchos para tener voz propia, y aportar unas líneas insignificantes al grandioso legado de los que nos han precedido. Por si fuese poco, algunos géneros, en ocasiones denostados injustamente, requieren conocimientos extras, como la novela histórica. Luego entramos en el delicado terreno de la ortografía, donde es menester andar con cuidado, porque existe una discrepancia brutal: unos opinan que no es importante, ya que el verdadero mérito se halla en la trama; otros dicen que hoy se valora más el cómo se narra una historia.

Yo no me metería en esa discusión por un motivo bastante simple: habitualmente los editores no leen los originales en cuanto ven faltas. Podrá ser injusto o no, pero es la realidad. De manera que ser literato no basta, hay que añadir un buen dominio del idioma escrito. Un lector consumado usará sin problemas las figuras literarias de la mejor manera posible, es decir, por instinto; de otra manera pueden quedar artificiales y no encajar bien con el texto. Limitarse a aprender qué es una anáfora no sirve; es mejor leerla en una novela y permitir que entre en el subconsciente, luego, a la hora de escribir, ya saldrá cuando tenga que hacerlo. Hay escritores que usan estos recursos a la perfección sin conocerlos... porque han leído, debido a ello no estoy de acuerdo con el artículo.

viernes, 16 de septiembre de 2011

Dos pájaros de un tiro

¿Tienes hora? —dijo el anacronismo

Con esta entrada voy a aclarar un par de cosas. Había pensado en hacer una crítica de la nueva película de Conan —que al final no resultó ser un remake—, pero se ha dicho tanto en tan poco tiempo de ese filme, que prefiero hacerme a un lado y dejar las cosas como están. ¿Para qué echar más leña al fuego? Creo que a estas alturas cualquiera sabe cuál ha sido el resultado final de esa producción. Yo imaginaba que no sería una buena película, pero no pensé que terminaría siendo analizada en «cinecutre»...

Los relatos cortos de Una semana entre zombis están parados porque las ganas de continuarlos se han esfumado, y escribir sin ganas es sinónimo de crear algo que no merece la pena. Eso no quiere decir que los haya abandonado definitivamente, ya que el día menos pensado los retomaré. También influye el que esté enfrascado en otros proyectos y les dé más prioridad. Una semana entre zombis carece de trascendencia, porque su único objetivo es entretenerme yo y a los que se pasen por aquí. 

Un saludo a todos y pasen un buen fin de semana.

Un cuento de terror


Alberto Laiseca narra El extraño —también traducido como El intruso—. Es el cuento de Lovecraft que inspiró a los creadores de Amnesia: The Dark Descent.