domingo, 13 de noviembre de 2011

El libro de las ilusiones


El libro de las ilusiones comienza presentándonos a David Zimmer, un escritor atormentado por la muerte de su esposa e hijos en un accidente de aviación. Poco a poco irá adentrándose en el abismo del alcohol y sesgará los estrechos lazos que le unían a sus amistades, aislándose en una casa remota; sin embargo, en medio de su desgracia descubre algo que consigue hacerle sonreír de nuevo: una comedia muda de Hector Mann. A partir de ese momento, decide escribir un libro sobre ese enigmático actor que desapareció sin dejar rastro al concluir sus últimas películas.

Cuando se habla de un libro de Auster, suelen mencionarse «las cajas chinas» como una analogía de la estructura, porque al autor le gusta introducir historias dentro de otras. Lo hace de una manera tan natural, que el lector puede que ni siquiera se percate de ello hasta pasadas unas cuantas páginas. Eso es reforzado con una prosa ágil que no usa guiones para los diálogos y se aleja de florituras superfluas; gracias a ella, los diferentes hilos narrativos pasan velozmente, entremezclándose a la perfección al tiempo que profundizan en las vidas de los personajes.

La novela es sencilla, aunque con un alto contenido adulto. Sin duda el nombre que más brilla es el de Hector, porque entre las descripciones de sus películas cargadas de referencias personales, la fama que derivó de éstas, y lo que aconteció después... podría decirse que se trata del motor que hace funcionar el engranaje de la trama. La cual cuenta con algunas sorpresas que, desde mi punto de vista, son predecibles a pesar de los esfuerzos de Auster por presentarlas inopinadamente. Un detalle sin importancia, porque el verdadero atractivo que incita a continuar reside en descubrir qué le pasó a Hector tras escabullirse.

No es lo que más me ha gustado de Auster, ya que prefiero La trilogía de Nueva York, y algunas partes me resultaron monótonas; no obstante, considero que El libro de las ilusiones es una novela notable que pocos se arrepentirán de adquirir. Dos hombres separados por el espacio y el tiempo: dos desconocidos que sufren por una tragedia que trocó sus vidas; aun así, se salvan mutuamente desde las primeras páginas, gracias a una sencilla sonrisa capaz de devolver las ganas de vivir, y a una admiración fuera de toda duda plasmada en la biografía de Hector Mann.

viernes, 4 de noviembre de 2011

Pasado y futuro


La realidad que nos rodea puede verse de diferentes maneras según quién seamos o en qué situación estemos: el enfermo puede hallarse en el centro de un torbellino que arrastra a los suyos hacia la desazón; el filósofo no dejará de cuestionar la enorme estructura que hemos creado; el pesimista sólo verá la parte más oscura de la humanidad... Pero aun contemplando la vida desde varios colores, suele aceptarse tal y como es, porque la mayoría, al llegar a la edad adulta, se habitúa; deja de sorprenderse ante lo que ve, de juzgar.

Paseaba cerca de un parque en obras, cuando una chica pasó cerca de mí; iba en bicicleta mientras charlaba por un móvil. El aparato parecía una extensión de su cuerpo, y lo usaba sin emoción, mecánicamente. En mis tiempos, lo más parecido que tenía yo a eso era un Walkie Talkie antediluviano, le faltaba su pareja; pero me lo pasaba en grande con él, porque podía captar conversaciones ajenas, algunas de las cuales fueron sorprendentes. Sin embargo, el tiempo pasa, y lo que antaño era de una calidad superior, es hoy rudimentario; y así seguirá hasta llegar a parajes que ahora sólo podemos imaginar, todo en medio de un entorno cada vez más tecnológico y envolvente. A simple vista no parece un desastre, sino todo lo contrario: es la evolución de una sociedad que todavía es un niño aprendiendo a madurar. A pesar de ello, pienso que la humanidad podría perder el rumbo si se olvida de sus orígenes, de los primeros peldaños que el logos ha ido colocando hasta hoy.

Recuerdo las numerosas historias que escribí en la adolescencia, en aquella época, mi profesor de lengua y literatura me pedía relatos para la revista del instituto; era un buen tipo: me dejaba leer a Poe en clase, ¿qué más se puede pedir? Un día se me acercó para informarme de que la revista estaba a punto de hacerse, y me puse manos a la obra. Pensé en un futuro utópico, donde los avances científicos le habían dado a la humanidad todo aquello con lo que soñó desde los albores: viajes espaciales, teletransportes, traductores de idiomas insertados en el cerebro...

El protagonista era el dueño de una poderosa corporación, encargada de fabricar libros electrónicos, porque en ese futuro el papel era un anacronismo. Viajaba en una nave de clase superior, no muy grande, lo suficiente para albergar a unos pocos pasajeros. Acompañado sólo de un piloto, se dirigía a un planeta cosmopolita y moderno; allí debía dirimir un trato importante que se produjo por error, debido a la incompetencia de un empleado que ya se encontraba en la calle. Pero algo salió mal, y la nave terminó perdida en medio de un pequeño planeta deshabitado. Como el piloto murió durante el aterrizaje de emergencia, nuestro hombre tuvo que sobrevivir por sí mismo. Durante los primeros meses no le resultó difícil, porque las reservas de la nave estaban intactas; por tanto, disponía de comida, aseo e incluso lectura: varios libros electrónicos.

No era un estúpido, así que mientras tenía esas facilidades que le brindaba la nave, aprovechó para conocer el entorno y determinar qué lugares le servirían para conseguir sustento cuando le faltase. Sabía que el rescate, en caso de producirse, tardaría bastante, ya que el número de planetas aptos para la raza humana en la zona era elevado. Lejos de preocuparse, se encontraba exultante; por primera vez en muchos años volvía a estar en calma, sin nadie que le importunase. Además, la lectura le apasionaba, y sus libros electrónicos reunían un buen trozo de la mejor literatura universal. Leía a menudo Robinson Crusoe, y se compadecía de él, que solamente pudo rescatar del barco unos pocos libros de papel arcaicos.

Sin embargo, el severo hombre de negocios se olvidó de algo esencial, un detalle importante. Quizá debido a que en la tierra ya no existía ese problema: la energía que insuflaba vida a esos neolibros también era limitada.

No publicaron el relato, porque era demasiado extenso, y me vi obligado a empezar desde cero otra historia. Aún lo conservo, escrito con bolígrafo en un folio que se va marchitando cada vez más, igual que nosotros.

martes, 25 de octubre de 2011

Frankenstein o el moderno Prometeo

Está hecho todo un nigromante
Prometeo hurtó el fuego a los dioses para entregárselo a los hombres; Frankenstein, influenciado por las ideas desfasadas de filósofos superados —Cornelius Agrippa y Paracelso—, intenta hacer algo parecido con la inmortalidad. El resultado final, es el famoso golem de carne al que se le suele llamar, erróneamente, Frankenstein; como el apellido de su creador. Una criatura que es rechazada desde que cobra vida, porque fue animada por alguien que no era consciente de cuál iba a ser el resultado final, hasta que fue demasiado tarde. Eso influirá en los sentimientos del monstruo, que al ser repudiado cambiará, volviéndose infame. Mary Shelley escribió lo que hoy es considerado como la primera historia moderna de ciencia ficción, además de ser también una novela de terror gótico que ha inspirado a multitud de autores. No es difícil encontrar argumentos similares que hablen de cómo un humano puede cometer descuidos fatales a la hora de levantar no muertos.

Víctor Frankenstein superó a todos sus
maestros, pero sus conocimientos lo
llevaron a la desgracia
El celuloide ha propagado la idea de que «Frankenstein» se trata de un ser pánfilo; pero no es así, porque Mary Shelley describe cómo es capaz de aprender y dominar el idioma en poco tiempo. Además extorsiona a Víctor amenazándole con asesinar a su familia, sólo para que escuche su historia funesta. El monstruo tampoco es lento y torpe, sino todo lo contrario: posee una agilidad sobrehumana. El hecho aparentemente banal de que carezca de nombre, es una señal del intenso recelo que su hacedor tiene hacia él, porque ni siquiera se ha tomado la molestia anodina de bautizarle. Todo ese desprecio hará que el monstruo tenga que valerse por sí mismo, refugiándose de un mundo que lo considera un ser infernal, y volviéndose cada vez más malvado, porque como dice él: «Créeme, Frankenstein: yo era bondadoso. la humanidad y el amor de mi alma iluminaban todo mi ser, pero ¿acaso no estoy ahora solo, miserablemente solo? Si tú, que eres mi creador, reniegas de mí, ¿qué me cabe esperar de tus semejantes, que nada me deben?».

Como el monstruo es consciente de su
 fealdad, intenta esquivar a los humanos
amparándose en bosques, cuevas...
La trama comienza con una elipsis temporal en la que se presenta a los dos personajes principales: Víctor Frankenstein y su criatura; cuando el primero persigue al segundo en un entorno helado, hasta desfallecer y terminar en un fragmento de hielo que viaja a la deriva por el mar. Después es rescatado por un barco, y en él, Frankenstein cuenta su historia; explicará cómo la criatura se pone en contacto con él para decirle todo lo que le había pasado desde que huyó de su rechazo. El clásico relato dentro de un relato. Terror romántico decimonónico henchido de un vocabulario rico y diálogos grandilocuentes. Frakenstein es una novela original que esquiva los tópicos más manidos de la época: casas encantadas, barcos fantasmas...; y eleva al género obsequiándole con un libro que puede dar lugar a diversas interpretaciones. En nuestros días se sigue leyendo fervorosamente y llevándose al cine con más o menos acierto. Guardo buenos recuerdos de la versión que realizó Khenneth Branagh, aunque no concibo por qué se escogió a Robert De Niro para ese papel.

viernes, 14 de octubre de 2011

Ciclo de aventuras oníricas de Randolph Carter

En esta edición se le ha dado a la
llave un baño en oro. Queda mucho
 mejor así, dónde va a parar
Lovecraft no acostumbraba a utilizar los mismos personajes en diferentes historias, pero con Carter hizo una excepción, porque le dedicó varias: La declaración de Randolph Carter, La llave de plata, A través de las puertas de la llave de plata y En busca de la ciudad del sol naciente. Tres relatos y una novela corta que están bajo la influencia de Dunsany, un tipo que escribía, entre otras cosas, sobre una elfa que renuncia a su inmortalidad por el amor de un hombre en La hija del rey del país de los elfos (1924). Lovecraft crea una especie de mundo fantástico emplazado en un plano onírico, al cual se ha de llegar por medio de una extraña llave de plata marcada con arabescos aparentemente indescifrables. Ésta es encontrada por Carter, un hombre que considera banal a su sociedad y añora la belleza de los casi olvidados sueños de su infancia. ¿Qué es la realidad comparada con el esplendor de los maravillosos lugares que visitó antaño mientras dormía? Durante un tiempo, Carter intentará buscar sucedáneos que le aparten del tormento que le hace languidecer; pero los dejará a un lado, porque usará la llave de plata para ir a otras dimensiones.

Carter contemplando el descenso de
Warren a las tinieblas
Al principio, en La declaración de Randolph Carter,  Lovecraft narra cómo Carter se ve envuelto en la desaparición de Harley Warren, cuando éste se interna en las profundidades de una cripta que se halla en un cementerio añoso. Debido, tal vez, a que el autor era solitario, muchos de los diálogos que escribió están faltos de naturalidad; de qué pie cojea Lovecraft no es un secreto; es trabajo del lector pasar por alto ese detalle para poder deleitarse con sus obras. Sin embargo, en La declaración los diálogos cumplen bien su cometido a pesar de lo dicho. No en vano las últimas palabras del relato son una frase muy conocida dicha por un ente sobrenatural. Las descripciones, por otro lado, son su punto fuerte siempre y cuando los adjetivos poco comunes no sean una molestia; es decir, depende del lector. Además su número es elevado: «Vagamente, puedo decir que su voz era profunda, hueca, gelatinosa, lejana, ultraterrena, inhumana, espectral».  

Esta llave sí que parece salida de un relato
lovecraftiano. Mucho mejor que la anterior
El estilo es atávico, pero es parte del encanto de Lovecraft, si no hubiese adverbios terminados en mente por doquier..., no sería él. Es común que uno de los motivos de crítica más usuales que se hace a los escritores, sea cuando no son capaces de describir algo; pero cuando se trata de Lovecraft, un ser inefable..., es realmente un ser inefable debido a su amorfidad, y describir ciertas cosas podría romper la magia del miedo a lo desconocido. En La llave de plata comienza la parte más cautivadora, que llegará a su cénit en A través de las puertas. De la desaparición misteriosa de Carter, a su entrada apoteósica en los límites de la realidad. Donde atravesará las puertas necesarias para obtener conocimientos que muy pocos humanos han logrado conseguir. El tiempo y el espacio dejarán de ser enigmas más allá de su razón, y podrá viajar a través de ellos, explorando así la belleza de los lugares que había vislumbrado en su niñez. Los tres relatos atemporales que preceden a la novela tienen por sí solos una fuerza capaz de explicar por qué Lovecraft es recordado aún hoy; mas falta la parte larga de estas aventuras.

Portada foránea con el título
original
En busca de la ciudad del sol naciente es una combinación de terror lovecraftiano y la fantasía dunsaniana que ya se podía entrever en La llave de plata. Narra la búsqueda que emprende Carter para encontrar la ciudad perdida de sus sueños. El derroche de imaginación es impresionante, mientras que el ritmo es rápido, porque el protagonista cambia de escenario cada pocas páginas: bosques encantados, palacios, barcos, montañas... todo está muy bien descrito, con sus atmósferas y criaturas endémicas. Queda patente la afición que Lovecraft tenía por los gatos, ya que juegan un papel determinante en la historia; la cual es difícil de resumir debido a la inmensa cantidad de detalles que posee. A pesar de que el Carter de esta novela es un viajero experimentado del mundo onírico, se las tendrá que ver con varios peligros de los que escapará por los pelos, porque lo que quiere no es del agrado de los dioses. Es posible conseguir el libro suelto, pero es aconsejable leer antes los tres relatos anteriores. Aunque quizá no sea lo mejor que Lovecraft escribió, En busca de la ciudad del sol naciente es lo que más me ha gustado de él.

Un titánico gugo enfrentándose a los
lívidos; dos enemigos guerreando entre sí
para regocijo del protagonista
La variedad de situaciones es tal, que puede abrumar al lector poco habituado a este tipo de historias; pero el camino que se recorre junto a Carter es memorable, porque logra compendiar la esencia del género fantástico, al tiempo que lo adereza con pinceladas de su propia mitología. Carter es un héroe que no cuenta con espadas y armaduras que le permitan salir airoso de los combates, a cambio usa su intelecto, relacionándose así con aquellos que puedan serle útiles; pues conoce las distintas lenguas de esas razas. Eso le da cierta originalidad análoga a El nombre del viento, título que si bien no ofrece muchas novedades al género, sí que lo evoluciona hasta cierto punto, acercándolo a más edades. En busca de la ciudad del sol naciente está narrado en tercera persona, los pocos diálogos están descritos, es decir, integrados en el texto sin usar guiones —mejor—, y la prosa es la característica del autor, aunque como ya mencioné, la trama se desarrolla rápidamente. Aun junto a los relatos el número de páginas no es grande, por lo tanto, una edición de bolsillo que recopile todo sería perfecto.

El estudio de Warren