sábado, 6 de diciembre de 2014

Acerca de mi novela


Aquí cerca, encima del PC, tengo impresa la mitad de mi novela; no he podido terminar de pasarla al papel porque la tinta se acabó. Mala suerte. Mientras ordenaba los folios, me di cuenta de que casi no hablo de lo que escribo; así que voy a ponerle remedio.

Con los relatos prefiero experimentar, hacer lo que me dé la gana a sabiendas de que al público quizá no le guste; pero con las novelas mi meta es diferente: trato de lanzar un mensaje e intento ser lo más explícito posible para que cualquiera pueda adentrarse en la trama. En ese aspecto soy, he de reconocerlo, bastante comercial. Sin embargo, toco temas que pueden ser muy desapacibles. No escribo sobre agentes del orden que siguen la ley a rajatabla, pues me interesan más los personajes oscuros, dramáticos. Yo estuve a punto de caer una vez, de encarar al malvado siendo más malvado*; por lo tanto, si se trata de escribir, prefiero un Rorschach antes que un Sherlock. 

Lo que contaré ahora ocurrió hace año y medio, aproximadamente. Acababa de escribir un libro kafkiano —dile eso a un editor, kafkiano, y saldrá corriendo— que, aunque le gustó a una agencia, no logró publicarse. Por si fuese poco, estaba desanimado, a punto de tirar la toalla y seguir escribiendo en la sombra, sin ánimo de publicar nada. Entonces encontré una noticia en internet que me enfadó hasta donde no sabía que podía enfadarme. Los pocos que me conocen de cerca saben que soy flemático, no me irrito casi nunca; pero esa noticia consiguió que mi aversión a la sociedad creciese hasta ser del tamaño de Atlas, el titán que sostiene a la tierra. Si yo fuese él en ese momento, habría arrojado el planeta a una trituradora.

Y lo peor de todo es que aún aparecen nuevos artículos de aquella noticia:


Después de enterarme de eso, me puse a escribir sin parar. Antes de darme cuenta, ya tenía unas veinte mil palabras y la historia no dejaba de crecer. Me gustaría dedicarle la novela a Carla Díaz, aunque ya no pueda leerla; pero no sé si a la madre le parecería bien.

Imaginad en qué estado escribí el libro. Creo que llegó incluso a alterar mi comportamiento habitual: empecé a perder flema y ganar furor. Algunas entradas de este blog las hice en ese estado de enojo incesante. Por suerte, acabado el libro, me siento más lejos de esa historia. Ya no me afecta tanto, aunque echo de menos ir tras los pasos del protagonista cada noche, cazando nuevas víctimas. 

Siempre que termino una novela se la envío a alguien sincero para que opine sobre ella. En esta ocasión se la dejé leer a tres personas. Las tres leen este blog, aunque sólo una deja mensajes de vez en cuando. No diré los nombres por si les incomoda. Si hablo de estos lectores, es porque me ha impresionado su opinión: a todos les encantó el libro, incluso al más exigente —un pez gordo de las letras que siempre me decía «no» con la cabeza cuando le pasaba alguna novela; ahora, por una vez, dijo «sí»—. Esto ya es para mí una pequeña victoria. Debo agradecerles el haberme dado una confianza que no tenía.

¡Ah! Que aún no he dicho de qué va la novela. Pues... mejor dejarlo para más adelante. Tengo un plan: publicarla en un blog si a los editores no les agrada. Gracias, internet. Como sé que hay autores a los que les molesta que se publiquen libros así, gratis, aclaro que sería sólo el último recurso: antes de llegar a eso, deben pasar un par de años como mínimo.

*A veces, por desgracia, el sistema te coloca en una posición difícil donde no queda más remedio que morder o ser mordido. Son las reglas del juego. 

4 comentarios:

  1. Respuestas
    1. Ya ves: un libro puede nacer de un cabreo enorme. Pero escribir así tiene un precio...

      Eliminar
  2. Un tema preocupante junto a la grata sorpresa de pasar por aquí y leer esto que nos cuentas.
    La última vez que caminé por esta vieja calle fue semanas atrás y publicabas aquello de Patriotas la novela,que logró trastornar a Watson. Yo también había quedado igual luego de leer un olvidable libro de Tom Disch.
    Confío, y espero, encuentres pronto un editor. Saludos.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Preocupante y frecuente, al parecer. Y si se sigue mirando hacia otro lado, continuará sucediendo.

      Gracias, Diego. A ver qué pasa con eso de encontrar editorial, porque soy un autor complicado: tengo afición a señalar lo que está mal.

      Eliminar